Mares en calma no hacen buenos marineros.

Mares en calma no hacen buenos marineros.
Photo by Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa / Unsplash

Es irónico que yo este citando este texto desde una ciudad que está a más de 600 kms de distancia del mar. Podría alegar que fue herencia de mi papá que fue oficial naval y capitán de altura de la marina mercante, pero él era de los hombres que no llevaba el trabajo a la casa y de las pocas cosas que decía era que se tenía que estar agradecido y tenerle respeto al mar.

A mis 48 años creo que debí haber arriesgado y haberme equivocado más. Las lecciones de la vida no siempre vienen limpias y de forma agradable. Traigo esto a colación porque en el mundo en la publicidad de redes sociales muchas veces ofrecen productos “mágicos” sin dolor, sin esfuerzo, si nada. Algo parecido al tónico que curaba todo en las películas del viejo oeste.

He caído varias veces buscando una solución simple y que me evite el esfuerzo y la frustración del error, de la perdida. Pero al final si uno quiere algo tiene que pasar por un proceso de ensayo, error y mucha resiliencia. En otras palabras: insistir, resistir, persistir y nunca desistir.

Entre más años se tiene se adquieren habilidades, pero también el fracaso, el error pega bastante duro en el ego. En esos casos hay que recordar que así es la vida y que “después de la tempestad viene la calma”.